China: una década de apertura financiera

Capital en riesgo. El valor de las inversiones y las rentas derivadas de ellas pueden disminuir o aumentar y no están garantizados. Los inversores pueden no recuperar íntegramente su inversión inicial.

Riesgo: Las inversiones en China están sujetas a determinados riesgos adicionales, por problemas de liquidez o de repatriación de capitales.

Hasta hace poco, invertir en China era un desafío considerable. El acceso a los mercados de valores del país solo podía realizarse mediante cuotas con un control estricto o costosos vehículos derivados. Mientras tanto, sus mercados de renta fija y privados estaban casi totalmente fuera del alcance de los inversores extranjeros.

Sin embargo, en la última década, China ha ido abriendo sus mercados financieros. Al principio, esta liberalización era relativamente limitada. Comenzó con una ampliación de los sistemas de cuotas y una relajación de las restricciones de repatriación. Esta se amplió progresivamente y ahora los inversores internacionales pueden acceder a una enorme variedad de inversiones chinas, que incluye no solo los mercados bursátiles nacionales, sino también los de renta fija y los privados.

Stock Connect

Un paso crucial en este camino fue la creación de los sistemas Hong Kong-Shanghai y Hong Kong-Shenzhen Stock Connect, en 2014 y 2016, respectivamente, que permitieron a los inversores internacionales acceder a los mercados de China continental con mucha más facilidad y eficacia que antes. En 2017 se puso en marcha el programa Bond Connect, que permitió a los inversores acceder por primera vez directamente a los mercados de renta fija de China.

En 2018, MSCI incluyó los mayores valores cotizados en las bolsas de Shanghái y Shenzhen —conjuntamente, el mercado de acciones A— en su índice de mercados emergentes. Los valores incluidos pasaron del 5 % superior de las acciones A al 20 % superior en 2019. En consecuencia, la inclusión de China en los índices de referencia de inversión está empezando a reflejar su condición de segunda economía mundial1 y, según las previsiones actuales, la mayor economía del mundo antes del final de esta década.

Los baches del camino

Sin embargo, el camino de China no ha sido un camino de rosas. En 2015, por ejemplo, la negociación de acciones se interrumpió bruscamente tras una importante corrección del mercado. Este año, el Gobierno ha realizado amplias intervenciones en los sectores de la tecnología y la educación, lo que ha provocado grandes oleadas de ventas.

A pesar de estos contratiempos, las autoridades chinas han sido uniformes en su política de apertura. Es cierto que, en su mayor parte, han sido lentas y moderadas, y sus intervenciones, claramente drásticas, pero reflejan en parte las lecciones aprendidas tanto de la crisis financiera asiática de 1997 como de la crisis financiera occidental de 2008.

Una infraponderación estructural

No obstante, una década después del inicio de esta apertura financiera, la mayoría de los inversores globales siguen infraponderados en China2, en parte, por precaución ante la idiosincrasia del país y, sobre todo, el riesgo de intervención gubernamental. Sin embargo, otra parte es estructural.

Es importante señalar que China sigue infrarrepresentada en los principales índices de renta variable3. En total, las empresas chinas cotizadas supondrían, probablemente, más de la mitad de cualquier índice representativo de los mercados emergentes, pero hoy en día China supone solo el 34,7 % del índice de referencia MSCI EM4. Así, dado que la mayoría de los inversores en mercados emergentes optan por una infraponderación de unos 5 puntos porcentuales en China en relación con el índice, existe una doble infraponderación en marcha.

Por supuesto, los inversores tienen motivos para ir con cuidado. China es diferente. Una de las principales cuestiones para los inversores es cómo abordar el riesgo y la rentabilidad en un contexto en el que el Gobierno tiene mucho más poder para intervenir en los mercados que en la mayoría del resto de jurisdicciones.

Una gran cantidad de oportunidades

China no solo es grande, también es desordenada. En este país del tamaño de un continente, actúan muchas fuerzas diferentes, por ejemplo, el medioambiente. Los proveedores de índices informan de la creciente demanda de factores medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) y de filtros climáticos que permiten observar el mercado chino a través de estas lentes. Por un lado, la economía china depende en gran medida de los combustibles fósiles, pero, por otro lado, al menos una rama del Estado se toma muy en serio el impulso del programa de descarbonización. Por tanto, existen oportunidades para que los inversores saquen provecho de esta situación, a pesar de las centrales de carbón que se están poniendo en marcha en la región interior de Mongolia.

Por este motivo, los inversores deben pensar en China no como un monolito desalentador, sino como toda una serie de conjuntos de oportunidades diferentes. Debido a la gran envergadura de China, cada uno de estos conjuntos de oportunidades es enorme. Asimismo, la liberalización gradual de los mercados del país, junto con su creciente inclusión en los índices de referencia, está facilitando el acceso a estas oportunidades más que nunca para los inversores.

1 Fuente: FMI, abril de 2021 
2 Fuente: MSCI, Banco Popular de China, 30 de septiembre de 2021
3 Fuente: MSCI, noviembre de 2021
4 Fuente: MSCI, noviembre de 2021