BlackRock Retirement Institute

Diez temas sobre la jubilación y
la longevidad

ago 11, 2017

BlackRock y la Coalición Global sobre el Envejecimiento (Global Coalition on Aging, GCOA) congregaron recientemente en Nueva York, Londres y Tokio a varias decenas de líderes sobre la longevidad en las Mesas Redondas del Liderazgo Pensado en la Jubilación (Retirement Thought Leadership Roundtables). Estas mesas redondas reflejan nuestra apreciación por la naturaleza global y multidisciplinaria de los desafíos y las oportunidades que enfrenta el envejecimiento mundial de la población. La experiencia de los participantes abarca desde servicios financieros hasta el sector salud, hasta la política pública y la tecnología. Tuvieron que presentar por adelantado su “Gran idea” para ayudar a mejorar el estado de la jubilación.

Si bien las “Grandes ideas” cubren un amplio rango de disciplinas y plazos, la mayoría comprende una de tres categorías abarcadoras. La primera es, por supuesto, ahorros y jubilación: encontrar formas de alentar un ahorro mayor y más anticipado, y de crear inversores más inteligentes. La segunda aborda las consecuencias de la longevidad en la fuerza laboral y en la economía, por ejemplo, facilitar el trabajo durante el tiempo que las personas deseen o necesiten. Finalmente, el envejecimiento conlleva desafíos más amplios para la sociedad en términos de salud y bienestar que van más allá de las cuestiones financieras, pero que pueden generar un impacto importante en ellas.

Diversos temas centrales emergen de las “Grandes ideas” y de los debates:

1. Las soluciones e incluso los debates deben ser integrales e interdisciplinarios. Todos los participantes coincidieron en que BlackRock y la GCOA han realizado algo invalorable y, quizás, nunca antes visto simplemente por reunir en una sala a expertos de diferentes campos en materia de envejecimiento. Muy a menudo, los debates se estructuran en forma sectorizada, donde los profesionales de finanzas, salud, tecnología y otros rubros no hablan entre sí y no comprenden cómo sus inquietudes se superponen con las del otro y las afectan. Resolver lo que algunos denominan el “rompecabezas de la jubilación” requerirá la cooperación estrecha de un grupo de expertos de diversas disciplinas, regiones y sectores. Por ejemplo, el tema de la atención a largo plazo plantea desafíos sanitarios, financieros, tecnológicos y de política pública que solo se pueden abordar eficazmente si se los trata en forma conjunta. Incluso las agencias gubernamentales, por ejemplo, ministerios de pensión y salud, deberán trabajar en estrecha colaboración y compartir sus recursos y experiencia.

2. La “jubilación” pasó de moda. Quizás el tema más reiterado y constante en todas las mesas redondas fue que las nociones tradicionales de “jubilación” pasaron de moda. En particular, la expectativa de que las personas querrán (o se las obligará a) dejar de trabajar a los 65 años no tiene sentido en un mundo en el que las personas viven más, tienen estilos de vida más saludables a medida que envejecen y en el que la proporción de personas de edad avanzada frente a personas jóvenes es considerable y está en alza. Además, dado que la longevidad ha aumentado en el último siglo, hemos asignado tácitamente todos esos años adicionales al final de la vida. Además de la falta de atractivo de hacer de la “vejez” la fase más prolongada de la vida, no es realista esperar que la mayoría de los trabajadores pueda ahorrar lo suficiente durante el transcurso de una vida laboral de 40 años para financiar una posible jubilación de 30 años (o más). No deberían existir limitaciones rígidas sobre dónde termina el trabajo y comienza la jubilación. En particular, las edades de jubilación obligatoria a nivel del empleador deben repensarse y, en la mayoría de los casos, volver a considerarse. En lugar de ello, debemos pensar en términos de un nuevo “guion de vida” que permita mayor flexibilidad, mayor tiempo libre o la modalidad de jornadas simples en las etapas intermedias del desarrollo profesional, más oportunidades de instrucción y capacitación en el transcurso de la vida y una “jubilación escalonada” en la que las personas puedan reducir la carga horaria, asumir cargos menos exigentes, entre otras ideas, pero no abandonar abruptamente la fuerza laboral a cierta edad preestablecida (y arbitraria). En Japón, este tema es complicado debido a la norma profesional del “empleo de por vida” que aplican las compañías más grandes y consolidadas. La noción arraigada de un sistema de remuneración y empleo basado en la antigüedad podría dificultar la implementación de un empleo de jornada simple o de “transición” a nivel nacional dentro de este conjunto de firmas. Otras economías de Asia Oriental con una tradición similar, por ejemplo, Corea del Sur, se han apartado de esta práctica.

Debemos pensar en términos de un nuevo “guion de vida” que permita mayor flexibilidad, mayor tiempo libre o la modalidad de jornadas simples en las etapas intermedias del desarrollo profesional, más oportunidades de instrucción y capacitación en las etapas avanzadas de la vida y una “jubilación escalonada” en la que las personas puedan reducir la carga horaria, asumir cargos menos exigentes, entre otras ideas.

3. Trabajar durante un plazo mayor es bueno para todos. Los análisis indican que trabajar durante un plazo mayor es bueno para las personas, las compañías y la economía en general1. Mantenerse activo, que incluye trabajar, mejora la salud mental, lo que, a la vez, puede derivar en una mejor salud física. Continuar trabajando, y la consecuente mejora en la salud, genera un mayor bienestar financiero. Por ejemplo, una de las maneras más eficaces de mejorar la situación financiera para la jubilación es, simplemente, trabajar un poco más. En Japón, la presión de trabajar durante un plazo más prolongado se ve incrementada por un cambio en la costumbre cultural: el respaldo económico por parte de los familiares más jóvenes a los familiares de mayor edad está comenzando más tarde y en etapas más avanzadas de la vida de las personas mayores. Por ejemplo, el respaldo solía empezar en los primeros años de los sesenta, pero ahora es más probable que empiece casi cuando las personas cumplen 80 años2. Ese apoyo continúa disminuyendo. También existen abundantes motivos positivos para trabajar durante un plazo más prolongado. En el caso de las compañías, se ha demostrado que las fuerzas de trabajo intergeneracionales, es decir, mezclas de trabajadores mayores y más jóvenes, son más productivas que aquellas en las que predomina un grupo etario3. Conservar trabajadores mayores también ayuda a las firmas a evitar el “éxodo profesional”, en especial, de trabajadores capacitados en habilidades que escasean entre los trabajadores más jóvenes. Los estudios también muestran que, cuando las personas trabajan por más tiempo, la productividad y el PBI aumentan en términos generales4. Los miedos de que las personas mayores conservarán o tomarán puestos en lugar de abrirles paso a los jóvenes no tienen fundamento. Aun así, este miedo es real y deberá abordarse. De manera similar, mientras las compañías se benefician de los trabajadores mayores, la mayoría de los departamentos de RR. HH. aún tiene que internalizar este hecho y el retraso en las prácticas laborales.

4. La tecnología es prometedora, pero puede plantear consecuencias no deseadas. La tecnología puede transformar de manera positiva muchos aspectos del panorama jubilatorio. Los “asesores robóticos” pueden proporcionar planificaciones financieras a millones de personas a una fracción del costo de una consulta tradicional. Más allá de los ahorros y la inversión, la emergente práctica de la “atención robótica”, que tuvo sus orígenes en Japón, puede mitigar en gran medida el costo de la atención de las personas mayores al reducir la necesidad de contar con costosos cuidadores humanos. Por ejemplo, Cyberdyne, en Japón, desarrolló tecnología robótica que no solo les facilita a las personas mayores las tareas manuales (y las mantiene en la fuerza laboral durante un plazo más prolongado), sino que también ayuda a los cuidadores e, incluso, automatiza determinadas tareas, por ejemplo, la limpieza de la casa. Si bien no hay un consenso unánime, algunas personas advierten que podría haber un costo real: la reducción en la interacción humana está asociada a un deterioro cognitivo. No obstante, también podrían existir soluciones tecnológicas a los problemas que la misma tecnología crea o empeora, por ejemplo, automóviles autónomos para ayudar a las personas mayores a mantener un contacto en persona con la familia y los amigos. Si hacemos un balance, la promesa de la tecnología de mejorar la calidad de vida a medida que la gente envejece debería sopesar cualquier posible desventaja. Pero debemos ser conscientes de la posibilidad de que ocurran consecuencias no deseadas.

5. Una mejor comunicación puede mejorar la conducta de ahorros. Si bien desde hace tiempo que la industria de los servicios financieros mantiene una postura escéptica respecto de la idea de que una mejor comunicación puede elevar los niveles de ahorro, diversos participantes analizaron ejemplos de comunicaciones de la vida real que funcionaron. En su parte central, yace la necesidad de restablecer la confianza con potenciales inversores que podrían rehusarse a invertir para la jubilación a raíz de la errada creencia de que el sistema financiero y las firmas participantes están confabulados contra ellos. Los denominadores comunes que generan una conexión son simplicidad; lenguaje directo sin terminología especializada y hablarles a las personas de maneras diferentes según el momento de la vida en el que se encuentren. Por ejemplo, es contraproducente hablarles a los trabajadores jóvenes acerca de la “jubilación”, una meta que, para ellos, parece sumamente distante. El lenguaje en torno al término “ahorros” funciona mejor. Por el contrario, los trabajadores mayores próximos a la edad jubilatoria responden bien a los mensajes que comunican directamente sus inquietudes sobre la jubilación. Esto planteará un desafío para la industria de los servicios financieros que, históricamente, ha sido técnica, ha estado enfocada en el producto y acostumbra a operar con grandes instituciones. La industria deberá adaptar y volver a centrar parte de sus mensajes para explicar el traslado del riesgo (y de la responsabilidad en la toma de decisiones) de instituciones a personas, muchas de las cuales carecen de los conocimientos técnicos y de la sofisticación en torno a la inversión. Dada la complejidad de algunas decisiones financieras, vale la pena tener en cuenta si es viable, cómo y en qué medida pueden y podrían los inversores tomar decisiones claves de inversión “en piloto automático”. Si bien ha comenzado este giro en torno a los participantes de la industria, aún hay mucho por hacer para superar esta percepción de desconfianza.

6. La reglamentación está impidiendo a los ahorristas obtener asesoramiento de manera sencilla. En los EE. UU., en particular, pero también (en menor medida) en otros países, existe una brecha creciente entre lo que el sistema jubilatorio espera de las personas y la ayuda que estas tienen a su disposición. Con la relativa disminución de los planes con beneficios definidos y el aumento de los planes con contribuciones definidas que se evidenció en los últimos más de 30 años, los gobiernos, las compañías y otras instituciones han estado trasladando el riesgo jubilatorio a las personas. Al mismo tiempo, las normas fiduciarias más rígidas y complejas están limitando cada vez más el asesoramiento que diversos expertos del sector financiero pueden brindar. Con el traslado del riesgo a las personas, la disponibilidad del asesoramiento profesional debería ser mayor; no obstante, las normas parecen dirigirse en sentido contrario.

7. ¿Aumento de la desigualdad? Un peligro es que, dado que la gente vive más, la brecha socioeconómica entre la clase alta y la clase baja se agudizará aún más. La mayoría de los países desarrollados ya vio aumentos importantes en la desigualdad desde mediados del siglo XX5. También está claro que la longevidad y la buena salud en etapas posteriores de la vida suelen correlacionarse con la riqueza y la educación. No existe una forma de resolver este problema. Sin embargo, las personas a cargo del establecimiento de políticas pueden y deberían explorar maneras para evitar que esto empeore. Por ejemplo, muchas economías avanzadas parecen estar dirigiéndose hacia un futuro en el que las personas menos pudientes, que aún están trabajando y, en promedio, morirán jóvenes, terminan subsidiando a las personas más pudientes que disfrutan de jubilaciones durante décadas financiadas, en parte, por las pensiones estatales con fondos provenientes de los impuestos que pagan los ciudadanos menos pudientes. A raíz de esta tendencia, es posible que sea necesario replantearse el modo en el que se financian y asignan las pensiones estatales. En Japón, algunos de los pensadores líderes adoptan un enfoque diferente y cuestionan medir la calidad de vida en términos pura o mayoritariamente económicos. En una población que dejó de crecer, en una de las sociedades más ricas y más avanzadas del mundo, ¿qué nivel adicional de bienestar o disfrute (por ejemplo) proporciona realmente un tercer automóvil? ¿O debería cambiar la medida real del bienestar de la sociedad de indicadores económicos a un enfoque más integral centrado en la salud, la conexión, la felicidad y factores similares?

8. Nivel de responsabilidad individual en materia de jubilación. En muchas jurisdicciones, desde hace décadas que la responsabilidad en cuanto a la jubilación (decisiones, planificación, resultados, todo) se ha estado trasladando continuamente desde las instituciones hasta las personas. Desde hace tiempo que los planes con beneficios definidos, tanto públicos como privados, han estado haciendo paso a los planes basados en las contribuciones, que requieren un alto nivel de vigilancia y experiencia por parte de los participantes. Esta nueva responsabilidad no ha sido acompañada por un cambio correspondiente en las políticas de los gobiernos, las iniciativas de los empleadores, los productos de inversión, las herramientas personales y la educación. Por ejemplo, la mayoría de las poblaciones continúa careciendo de productos de fácil comprensión y uso, así como de acceso a niveles de educación financiera necesaria para empoderar a las personas con el objeto de que se hagan cargo de sus propias jubilaciones. En la actualidad, en la mayoría de las naciones desarrolladas, las personas solo están comenzando a reconocer e internalizar la nueva responsabilidad que adquirieron. Para complicar aún más la cuestión, muchos empleadores no tienen claro qué función, si corresponde, deberían desempeñar en este nuevo entorno. En los últimos años, todas estas cuestiones han pasado a primer plano en los EE. UU. y el Reino Unido. Se puede decir que el Reino Unido ha avanzado un poco más que los EE. UU. al dejar de lado los productos de anualidades y al tomar algunas medidas alentadoras (si se toman en etapas iniciales) para abordar la “falta de conocimientos”, entre otras cuestiones. En Japón, donde la esperanza de vida promedio es la más alta del mundo, los productos de anualidades de por vida casi ni existen. Presentar estos tipos de productos podría ayudar a mejorar la seguridad financiera de por vida, pero requerirá mejoras importantes en los niveles generales de conocimientos financieros.

9. Demencia, el asesino oculto. La demencia y el envejecimiento van perfectamente de la mano; se puede decir que es el desafío más grave que surge a raíz de la prolongación de la longevidad. En Japón, país con el segundo índice más alto de esperanza de vida del mundo, el temor por el deterioro cognitivo es una de las principales preocupaciones de los jubilados. Este temor es palpable en casi todas las regiones del mundo. Todavía no se ha encontrado la cura para el Alzheimer y, hasta la fecha, las compañías farmacéuticas se han rehusado a invertir en estudios de investigación dado que les resultan más rentables otras inversiones. Aun así, existen maneras para detectar los signos del deterioro en forma temprana que podrían darse a conocer mejor y podrían mejorar los resultados en la marginalidad, a falta de una cura absoluta, que aún se necesita. Además de los traumas y las dificultades personales, esta enfermedad ocasiona un impacto económico. Se calcula que se pierden más de USD818 000 millones (2015) o el 1 % del PBI global a causa de los efectos directos e indirectos que inciden en las economías6. Desde cualquier punto de vista, la demencia está generando estragos en todos los niveles de la sociedad.

10. El dividendo demográfico. Las economías nacionales se ven afectadas por las demografías cambiantes y el envejecimiento de las poblaciones, dado que cambia la mezcla de productores y consumidores netos. En términos sencillos, durante su juventud (antes de ingresar a la fuerza laboral), las personas son estrictamente consumidoras. A medida que envejecemos y comenzamos a trabajar, nos convertimos en productores netos o contribuidores del crecimiento económico, es decir, producimos más de lo que consumimos. Luego, después de la jubilación (o, al menos, cuando finaliza la etapa de mayor producción), nos convertimos nuevamente en consumidores netos de bienes, tanto públicos como privados. El envejecimiento de la población altera la mezcla y la proporción de productores frente a consumidores, como también lo hace una tasa de fertilidad baja. Contar con más productores que consumidores es altamente favorable desde el punto de vista económico y podría considerarse un dividendo demográfico para la sociedad. A medida que una mayor cantidad de personas abandona la fuerza laboral en comparación con la que ingresa, estos consumidores mayores conservan una enorme cantidad de riqueza (ahorros y activos acumulados) más los beneficios públicos y privados previstos, desde pensiones hasta el sustento económico por parte de la familia. En los países donde los jubilados acumularon grandes cantidades de capital para la jubilación, existe la oportunidad de volver a desplegar estos activos de regreso a la economía local o internacional para estimular el crecimiento, en especial, si los bienes están invertidos en activos que no producen ingresos, por ejemplo, dinero en efectivo. Estos tipos de activos latentes podrían ser una fuente sin explotar para las economías de todo el mundo que carecen de capital, lo que podría afectar los flujos de capital y reafirmar el poder económico que puede aportar el envejecimiento de la población a la economía global y al mercado local.

Acerca de la autor

Bruce Wolfe, CFA
Director Ejecutivo, BlackRock Retirement Institute
Bruce Wolfe, CFA, Managing Director, es el Director Ejecutivo de BlackRock Retirement Institute.