Cómo sobrellevar el impacto del coronavirus

Dr. Stanley Fischer| Isabelle Mateos y Lago| Terrence Keeley |14 abr 2020

El Dr. Stanley Fischer tiene una trayectoria sumamente destacada como responsable de la formulación de políticas, que abarca sus funciones como vicepresidente de la Reserva Federal, director del Banco de Israel y número 2 del FMI. En estos cargos adquirió una vasta experiencia prácticamente en todas las crisis financieras de los últimos 30 años, desde el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) y el síndrome respiratorio de Medio Oriente (MERS) hasta la crisis financiera mundial. Ahora llega el turno del COVID-19, que trae consigo algunos movimientos del mercado que no se veían desde 2008. Tras décadas de experiencia en diversos escenarios del mercado, Stanley conversa con Terry Keeley e Isabelle Mateos y Lagos sobre las opciones de los bancos centrales, tanto en mercados desarrollados como emergentes, para enfrentar el entorno actual del mercado.

Capital en riesgo. Todas las inversiones financieras suponen un elemento de riesgo. Por ende, el valor de la inversión y el ingreso que se obtiene de la misma variarán, y no es posible garantizar el monto de la inversión inicial.

Entrevista con el Dr. Stanley Fischer sobre los bancos centrales y el brote de coronavirus (COVID-19)

Como ejecutivo de banco central, ¿qué piensa del impacto del coronavirus en la economía? ¿Es un golpe para la oferta, un golpe para la demanda o un golpe financiero?

SF: El impacto del virus es una combinación de un golpe para la oferta y un golpe para la demanda. Los mercados financieros, como consecuencia, han estado agitados, pero a grandes rasgos reflejan los cambios en la oferta y la demanda, entre otros factores económicos. En este momento, no está claro si califica como golpe financiero.

¿Qué deberían hacer entonces los responsables de las políticas monetarias? Particularmente en países que aún no se enfrentan a una epidemia a nivel nacional, ¿deberían actuar de forma anticipada, esperar a que se produzca un impacto económico, dejar que otros responsables, como el Gobierno, actúen primero? Diferentes bancos centrales del G7 eligieron respuestas diferentes a estas preguntas. ¿Quién está en lo cierto?

SF: Sabemos que las crisis demoran en desarrollarse más de lo que uno esperaría. No obstante, cuando suceden, resultan ser mucho peores que lo previsto. No depende de los bancos centrales hacer frente a la epidemia como tal. Las responsabilidades de salud pública recaen en el Instituto Nacional de Salud (National Institute of Health), el Centro de Control de Enfermedades (Center for Disease Control) y otras instituciones similares. Pero los bancos centrales tienen que hacer lo que puedan, y eso consiste básicamente en recortar las tasas de interés.

Ha habido mucha indecisión en torno a la respuesta al impacto del virus. Pero el intervalo entre un acontecimiento y una respuesta no debe ser prolongado. “Esperar a ver qué pasa” no es la forma correcta de implementar políticas de estabilización.

En la eurozona, el hecho de que la moneda de diferentes países sea el euro justifica aún más que se debe actuar rápido, hacer lo mejor para brindar apoyo a las condiciones económicas promedio. Una vez que los bancos centrales hayan tomado una decisión acerca de las tasas, los bancos y el sector privado tendrán mayor capacidad y podrán contribuir a la mejora de la economía.

Los recortes o aumentos de tasas se pueden producir como respuesta a cualquier perturbación en el mercado. Sin embargo, la perturbación que estamos experimentando ahora es ampliamente sectorial. Cuando las industrias están realmente en problemas, tal como sucedió durante la crisis financiera mundial, tiene sentido brindar asistencia mediante políticas a ciertos sectores o empleadores. Evidentemente, es más probable que sea el sector privado quien enfrente este tipo de impactos a la oferta y la demanda.

En este contexto, las herramientas generales como los recortes de las tasas de interés no resuelven los problemas sectoriales en sí mismos. Aun así, pueden ayudar a afrontar la incertidumbre de cuál será el impacto económico.

Suponiendo que la mayoría de los bancos centrales de mercados desarrollados terminen recortando las tasas en respuesta a esta pandemia, ¿debería preocuparnos que se vuelvan impotentes y recorten las tasas a cero o menos, y se queden sin herramientas para enfrentar la próxima desaceleración? ¿Qué sucederá entonces cuando llegue la próxima desaceleración? ¿Los bancos centrales que implementen medidas de flexibilización ahora no deberían apurarse para volver a normalizarse en caso que la recuperación adopte una forma de V, como la mayoría prevé ahora?

SF: Según la literatura de teoría económica, quizás inesperadamente, el ritmo de ajustes de las tasas de interés debería acelerarse a medida que se acerca más a cero. Sin embargo, este resultado impide mantener las medidas de tasas de interés para futuras perturbaciones.

Si supiéramos cómo y cuándo ocurrirá la normalización, actuaríamos rápido. Pero es esencial que mantengamos nuestra capacidad para afrontar futuros golpes. Tener tasas de interés muy cercanas a cero no es cómodo ni justo para las futuras generaciones y los ejecutivos de bancos centrales que nos sucedan. Si la economía aun crece a un ritmo razonable después del golpe, las tasas pueden subir. Pero siempre se debe encontrar un equilibrio, y nunca sabemos con certeza dónde está el fondo. Por momentos, uno cree haber tocado fondo, pero entonces la economía te demuestra que estás equivocado.

Por supuesto que no es imposible que haya tasas negativas. De hecho, creo que cumplen su función. Los suizos las usaron en la década de los setenta para evitar el ingreso de capital extranjero. Si querías invertir en un banco suizo en ese momento, te cobraban impuestos, que es lo mismo que una tasa de interés negativa. Y funcionó. Recientemente, los suecos y los suizos han hecho el uso más extendido de tasas negativas. Antes, cuando hablaba de este tema, solía decir que si vas a intentar algo y otros ya lo están haciendo, debes asegurarte de comprobar si esas personas son sensatas o no. En el caso de los suizos y los suecos, no se podía elegir a dos pueblos más sensatos. Entonces podrías pensar que tal vez las tasas negativas no son la tontería que parecían ser. Igualmente es difícil que otros lo hagan porque va en contra de la cultura. Tuvimos mucha suerte en la Reserva Federal y en el Banco de Inglaterra al no tener que recurrir a números negativos.

En lo que va de esta inestabilidad del mercado, los activos de los mercados emergentes han sido relativamente resistentes. De hecho, hasta la más reciente crisis del petróleo, en general no han tenido que enfrentarse a cuantiosas salidas de capital ni depreciación de las divisas. ¿Cómo le parece que están evolucionando las políticas de los bancos centrales de los mercados emergentes?

SF: Los mercados emergentes representan un gran grupo de economías diversas, muchas de las cuales actuaron correctamente y reservaron parte de la capacidad para lidiar con futuras crisis. Comparar a las economías de los mercados emergentes puede ser complicado ya que, en cierta medida, todas son diferentes. La crisis del petróleo muestra, entre otras cosas, que habrá diferencias entre lo que estas economías deberían estar haciendo.

Sin embargo, es conveniente que estos países consulten entre ellos. No estoy seguro que quieran constituirse como un grupo comparable al G7 para coordinar sus políticas por el momento, pero ese podría ser el caso en el futuro. No es probable que estas conversaciones ocurran como parte del G20. Durante una futura crisis financiera, creo que los países de mercados emergentes probablemente trabajarían juntos, pero falta para eso. No obstante, no debemos subestimar la duración y la importancia de la crisis actual; el virus llega a un nuevo país cada día, y el desplome de los precios del petróleo representa un desafío para algunos y una ventaja para otros. La combinación de la crisis del petróleo y el COVID-19 podría llegar a ser una crisis generalizada, y eso supondría que los países con mercados emergentes comiencen a actuar de manera coordinada.

Algunos mercados emergentes sufrieron movimientos de divisas importantes: Brasil, Sudáfrica, Chile, Rusia y ahora México, entre otros. Si surgieran estas tensiones, ¿cree que los bancos centrales deben intervenir para hacer resistencia a la depreciación y preservar sus reservas de divisas?

SF: Creo que el primer instinto debería ser dejar que el mercado lo resuelva. Pero si el mercado es muy inestable y no va en la dirección esperada, es probable que se quiera intervenir en algún momento.

Hubo una ocasión en mi carrera, mientras trabajaba en el Banco de Israel, en la que rompimos la regla de no intervención en el mercado de divisas. Esa regla se venía aplicando desde hacía más de 10 años. La economía israelí era bastante estable en el contexto de la crisis financiera mundial, pero el ingreso de divisas extranjeras al país se encontraba en aumento. Lo último que se necesita cuando todo el mundo está en quiebra es la apreciación de una divisa. Me llevó tiempo convencer a mis colegas de intervenir y, como fundamento para cambiar la regla, usamos la crítica de las agencias calificadoras, según las cuales las reservas israelíes eran demasiado pequeñas. Vender séqueles por dólares estadounidenses y euros nos permitió aumentar nuestras reservas.

La respuesta correcta depende, en gran medida, de otras divisas en su grupo de pares. No quieres ser el único que deprecie su divisa. Los fundamentales también deben ser sólidos para que las respuestas de política tengan el resultado esperado. 

Algunos países con mercados emergentes como Rusia, Sudáfrica y Chile a menudo sufren movimientos importantes en sus divisas. Pero ninguna de estas economías carece de sofisticación en su forma de lidiar con los efectos de segundo y tercer orden. No debe asumirse que las divisas de los países con mercados emergentes son frágiles. Algunas divisas de mercados emergentes fueron menos volátiles que algunas divisas de mercados desarrollados. Si puedes intervenir el tipo de cambio y mantenerlo en el nivel deseado, tal vez hasta tenga más sentido hacerlo, incluso cuando esto signifique tener menos reservas que el nivel óptimo de forma temporal. Algunos países obtienen un resultado ventajoso tras una depreciación exitosa, por eso tienen flexibilidad en la cantidad de reservas que deben mantener.

El FMI anunció que está poniendo a disposición aproximadamente 50 mil millones de USD a través de sus programas financieros de emergencia de desembolso rápido para ayudar a los países de bajos ingresos y con mercados emergentes a enfrentar el coronavirus. ¿Qué tan seguro está de las respuestas que probablemente se darán a la situación actual?

SF: Esto me lleva nuevamente a la delicada cuestión de cómo dirigir una gran organización en tiempos de crisis. Cuando se dirige una organización de este tipo, se debe tener flexibilidad para cambiar la estrategia cuando sea necesario. Además, el personal del FMI no solo está constituido por el presidente y el director ejecutivo del FMI, y tiene mucha experiencia en el manejo de crisis.

Lecciones clave

  • El coronavirus está provocando un golpe para la economía en cuanto a la demanda y la oferta.
  • Los bancos centrales no son quienes responden primero, pero deberían responder con amplias medidas de flexibilización.
  • Es posible que la situación se complique aún más para los mercados emergentes.
  • Los bancos centrales de mercados emergentes se beneficiarían con la coordinación de sus respuestas de política, sobre todo con respecto a la depreciación de divisas que deben permitir. La intervención puede ser útil, incluso si eso significa una caída temporal de las reservas por debajo de su nivel deseado a largo plazo.